Dos prácticas comerciales al servicio del bien común.

Uno de los objetivos de esta página es ir creado un repositorio de estrategias, recursos y buenas prácticas que pueda funcionar a modo de banco de ideas para particulares, entidades del tercer sector, empresas o administraciones que quieran poner en marcha iniciativas orientadas al bien común.

Si en una entrada previa os explicábamos en qué consiste la custodia del territorio y como impulsando iniciativas en este sentido la sociedad civil puede llegar a donde no llegan las administraciones en  la conservación de nuestro patrimonio natural. Hoy os vamos a hablar de dos prácticas comerciales que contribuyen a construir unas relaciones económicas más humanas: el comercio justo y el comercio ético. Aunque a priori, al utilizar ambas expresiones pueda parecer que nos referimos a lo mismo, estamos hablando de prácticas diferentes.

Comercio justo.

Se trata de una estrategia orientada al apoyo de productores excluidos de los grandes flujos comerciales internacionales, generalmente en países en vías de desarrollo. Busca facilitar su acceso al mercado, garantizarles precios justos y estabilidad de ingresos a través de pagos directos y por adelantado.

Los principales fundamentos de comercio justo son los siguientes:

  1. Los productores están agrupados en organizaciones democráticas y horizontales, fundamentalmente cooperativas.
  2. Rechazo explícito de la explotación infantil.
  3. Igualdad entre hombres y mujeres.
  4. Trabajo en condiciones dignas, respetando los derechos humanos.
  5. El precio que se paga a los productores les permite condiciones de vida dignas.
  6. Se valora la calidad y los modos de producción ecológicos.
  7. Se busca la manera de evitar los intermediarios entre productores y consumidores.
  8. Se informa a los consumidores sobre el origen del producto.

El comercio justo tiene incidencia principalmente en el sector agrícola y artesanal, donde los pequeños productores viven por lo general en áreas periféricas y producen cantidades insuficientes para poder acceder de manera directa a los mercados internacionales.

Los productos de comercio justo se ponen a disposición de los consumidores a través de canales de comercialización alternativos, como pueden ser ONGs especializadas. Este tipo de organizaciones identifica y escoge a los pequeños productores y cooperativistas, para luego comercializar sus productos en puntos de venta especializados o en cadenas propias.

Dado que el comercio justo tiene un claro objetivo orientando al desarrollo, un porcentaje de los beneficios se destina a distintas campañas en las comunidades locales de origen.

Comercio ético.

Esta práctica comercial alude a las políticas de una empresa orientadas a mejorar su responsabilidad ética, medio ambiental y social en sus cadenas globales de proveedores. El comercio ético abarca cuestiones como las condiciones laborales, el respeto por las comunidades locales, el recurso a las fuerzas de seguridad, la ausencia de prácticas corruptas o la protección ambiental.

El comercio ético se apoya en instrumentos como los códigos de conducta y las auditorias y certificaciones del cumplimiento de dichos códigos por parte de todos los proveedores. Esto lo puede realizar la misma empresa, un consultor especializado o una institución independiente. Un buen ejemplo de compromiso con el comercio ético sería el Plan Estratégico para una Cadena de Suministro Estable y Sostenible del Grupo Inditex.

 

 

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